Contexto Histórico y Significado del 24 de Febrero: La Mujer paraguaya. Más allá del Bronce: El Reconocimiento a la Mujer como Motor de la Democracia y el Cuidado.

El Día de la Mujer Paraguaya no constituye únicamente una efeméride conmemorativa, sino un reconocimiento a la columna vertebral de la soberanía nacional. Históricamente, el 24 de febrero de 1867 marcó un hito con la Asamblea de mujeres en la Plaza de Mayo de Asunción, donde el desprendimiento material de joyas para financiar la defensa de la patria fue apenas la superficie de un compromiso mayor. Desde una perspectiva analítica, la Ministra de la Mujer, Alicia Pomata, subraya el concepto de “resiliencia” no como una resistencia pasiva, sino como la capacidad de reconstrucción tras el sacrificio humano devastador de ver partir a padres, esposos e hijos que jamás regresaron. En este proceso, la mujer paraguaya se erigió como guardiana de la identidad; la preservación del idioma guaraní no fue un hecho fortuito, sino un acto de resistencia cultural y reconstrucción nacional que permitió la continuidad del tejido social. Como bien ha señalado el Dr. Alberto Martínez Simón, Presidente de la Corte Suprema de Justicia (CSJ): “Este país, podemos decir, fue construido desde sus cimientos y reconstruido, varias veces, en gran parte, por el aporte de sus valerosas mujeres”.

La institucionalización de la perspectiva de género en la magistratura paraguaya se fundamenta en un andamiaje normativo técnico y progresivo. La Acordada  657/2010 es la directriz matriz que transversaliza la igualdad de oportunidades en la gestión judicial. Bajo este marco, la Secretaría de Género de la Corte Suprema de Justicia, liderada por la Dra. Silvia López Safi, ejecuta actualmente una “desconcentración territorial” estratégica. Este proceso es imperativo para reducir la brecha de acceso a la justicia entre la capital y las Circunscripciones del Interior, donde las barreras socioeconómicas y geográficas suelen profundizar la vulnerabilidad de las mujeres. Por su parte, la Ministra Carolina Llanes ha definido estrategias que este análisis considera esenciales para superar la desigualdad estructural:

Formación y Sensibilización: Para erradicar los sesgos cognitivos en los operadores de justicia. Investigación: Producción de datos científicos sobre los derechos de las mujeres. Enfoque Diferencial: Una necesidad jurídica ineludible que reconoce que la igualdad ante la ley requiere tratar de manera distinta situaciones de desigualdad de base para alcanzar la equidad sustantiva. En cuanto a lCooperación Internacional, el fortalecimiento del sistema judicial paraguayo se nutre de la sinergia entre el Estado y organismos internacionales. El proyecto “Promoción de la Igualdad de Género en el Poder Judicial de la República del Paraguay – Mujeres en la Justicia” es el eje central de esta transformación. En el marco de estas iniciativas, celebradas en espacios de alta relevancia institucional como el Salón Auditorio “Doctora Serafina Dávalos”, se ha destacado la labor de la abogada Melody Brizuela, Coordinadora Nacional de CLADEM Paraguay, quien enfatiza que los avances normativos son el resultado de “esfuerzos colectivos” entre la sociedad civil y el Poder Judicial. Un componente propositivo vital es la consultoría para el fortalecimiento de políticas contra el acoso laboral. Esta iniciativa, apoyada por la cooperación internacional, busca blindar el entorno profesional de la justicia contra conductas que históricamente han limitado el ascenso de la mujer en el escalafón judicial. La calidad de la democracia paraguaya es directamente proporcional a la paridad en sus instituciones de control. La consolidación de un sistema de justicia legítimo requiere abordar la corresponsabilidad en el cuidado como un pilar de política pública, permitiendo que la carrera judicial femenina no se vea truncada por cargas domésticas desproporcionadas. La lucha contra la violencia de género requiere de herramientas técnicas de alta precisión. La Dra. María Guadalupe Ramos Ponce (CLADEM) ha analizado la urgencia de consolidar el feminicidio como un delito autónomo, diferenciándolo técnicamente del homicidio, dado que este último ignora la motivación estructural de poder y odio que subyace en el asesinato de mujeres por su condición de tales. Para que la política judicial sea efectiva, debe basarse en evidencia. En este sentido, el Observatorio de Género y las estadísticas de tramitación de casos (con corte al año 2025) son instrumentos fundamentales para el diseño de políticas basadas en datos. El Poder Judicial establece como umbral mínimo de erradicación la intervención directa sobre cuatro formas de violencia: la discriminación, las vejaciones, los maltratos y el feminicidio. Liderazgo Femenino y Reconocimientos en el Ámbito PúblicoEl reconocimiento del liderazgo femenino en las altas esferas del Estado es un indicador de salud democrática. En febrero de 2026, el Poder Ejecutivo distinguió a tres figuras cuyas trayectorias son referentes para la política de igualdad: Leila Rachid

(Ex Canciller Nacional): Pionera en la diplomacia paraguaya.

María Elena Wapenka (Ex Ministra del TSJE): Referente en justicia electoral regional. Alicia Pucheta

(Ex Vicepresidenta y Ministra de la CSJ): Figura histórica de la máxima instancia judicial. Este liderazgo debe analizarse en conjunto con la realidad del mercado laboral paraguayo, donde 1,3 millones de mujeres se encuentran trabajando, con un incremento del 2% anual. Este crecimiento de la fuerza laboral femenina actúa como una “señal de demanda” para el Poder Judicial: a mayor participación económica de la mujer, mayor es la necesidad de robustecer los mecanismos de protección contra el acoso laboral y garantizar la igualdad de remuneración y trato. El sistema judicial paraguayo se encuentra ante el desafío de trascender la “igualdad declarativa”. Como ha enfatizado la Presidencia de la Corte Suprema, la igualdad no debe quedar relegada al “texto pulido y elegante” de la normativa vigente.

Para alcanzar una igualdad real, este análisis propone la creación y fortalecimiento de mecanismos permanentes de monitoreo que evalúen el impacto tangible de las Acordadas en la vida diaria de las ciudadanas. El compromiso institucional debe ser pasar de la norma escrita a una práctica jurisdiccional que garantice el respeto irrestricto a la dignidad humana, posicionándolo como el norte innegociable de la justicia paraguaya en su camino hacia la equidad sustantiva.

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